¡Dale color a tu árbol genealógico!

Una de las preguntas más frecuentes que se suelen publicar en los foros de genealogía es ¿Cuál es el mejor programa para almacenar la información de mi árbol genealógico? La respuesta no es sencilla, porque si bien nos puede parecer una pregunta muy simple, ésta requiere una contestación sumamente matizada.

Pero lo que te traemos hoy es un tema que seguramente te ayude a elegir tu próximo software genealógico, y aunque no estés pensando necesariamente en cambiar de proveedor, por lo menos te permitirá maximizar una de las herramientas más comunes que muchos solemos dejar de lado. ¡Nos referimos a cómo colorear tu árbol genealógico!

Hoy en día, la mayoría de dichos programas cuentan con esta herramienta tan útil como desaprovechada. Aunque todos ellos estén diseñados para almacenar los datos de nuestra investigación, permitiéndonos así crear árboles genealógicos y generar informes familiares, conviene recordar que éstas son sólo algunas de sus principales utilidades. De hecho, es muy fácil que a muchos se nos olvide sacarle el máximo rendimiento a lo que ya tengamos a nuestro alcance.

Cuando hablamos de “colorear” tu árbol genealógico, nos referimos a la posibilidad de identificar o etiquetar a las personas o ramas que tengamos en nuestro programa usando un sistema de colores muy simple. Este sistema visual nos permite detectar, de manera fácil e inmediata, a aquellos individuos que tengan en común algún tipo de cualidad.

Y como una imagen vale más que mil palabras, a continuación te ofrecemos algunos ejemplos, tomados de casos reales, en los que te brindamos no sólo explicaciones sobre cada uno, sino también el software del que han sido extraídos.

Identifica a todos los descendientes de un individuo

El primer ejemplo que te mostramos, extraído usando FamilyTreeMaker, muestra cómo todos los descendientes de un individuo específico pueden ser identificados con un color único (en este caso, el verde), mientras que los descendientes de otras personas han sido identificadas con otros colores (azul, rojo, amarillo…). Dado que todos descendemos de múltiples líneas ancestrales, es lógico que muchos individuos de nuestro árbol puedan llegar a concentrar en sí mismos varios colores, los cuales denotarán las múltiples conexiones entre esa persona y aquellos antepasados a los que hayamos asignado un color concreto.

A través de este método podrás localizar fácilmente a cualquier persona que descienda de una rama de tu familia, ayudándote a saber por qué línea está emparentada contigo. Ello también te será de especial utilidad si estás investigando grupos familiares o comunidades donde las uniones entre miembros de una misma familia son particularmente frecuentes.

Ejemplo de un árbol vertical realizado con FamilyTreeMaker mostrando en verde a los descendientes de un individuo concreto. Otras personas en este árbol pertenecientes a diferentes linajes reflejan colores distintos (en ocasiones, múltiples colores), incluso aunque compartan el mismo apellido.

Identifica a los antepasados de una persona específica

Este método es similar al del ejemplo anterior, salvo que a la inversa: en vez de colorear a todos los descendientes de un individuo, puedes asignarles un color determinado a todos sus antepasados (¡por ejemplo, los tuyos!). Puedes incluso darle un color distinto a los antepasados de cada uno de tus ocho bisabuelos, lo cual te permitirá ver a simple vista si desciendes directamente de una persona que tengas localizada en tu árbol genealógico (y a través de qué línea), o si se trata en realidad de un pariente colateral. En caso de que se solapen dos o más colores, podrás deducir que ese ancestro es antepasado común de por lo menos dos de tus bisabuelos.

En este ejemplo, extraído de RootsMagic 7, vemos cómo todas las líneas ancestrales de una persona (resaltada en azul) están identificadas con un único color (en este caso, en rojo), mientras que sus hermanos, al ser parientes colaterales, aparecen en negro. Imagen cedida amablemente por Antecedentia.

Identifica a individuos que compartan alguna característica

A veces te podrá interesar reflejar a todos los individuos que compartan una particularidad o cualidad específica, sin que necesariamente exista entre ellos un vínculo familiar. Por ejemplo, a lo mejor quieres identificar a todas las personas en tu árbol que murieron de cáncer. Asignándole a esa nueva categoría un color específico y marcando a los individuos que compartan esa “cualidad” podrás identificar de manera sencilla y visual a aquellas personas que hayan fallecido de cáncer. Es posible que gracias a este método sepas identificar ciertos patrones en tu genealogía, llegando incluso a poder servirte de base para la exploración de una posible predisposición genética a sufrir ciertas patologías.

Las posibilidades para asignar colores a hechos específicos son prácticamente infinitas. A lo mejor te interesará identificar con un color determinado a personas que nacieron en una localidad concreta, o quizá identificar la religión que profesaban, o si eran gemelos, o si sirvieron en alguna guerra…

Este ejemplo, tomado de un árbol genealógico realizado con FamilyTreeMaker, muestra cómo el sistema de colores se aplica a dos personas que comparten una “cualidad” específica – en este caso, dos gemelas.

Identifica a personas repetidas en tu árbol

El sistema de asignar un color a personas en tu árbol genealógico puede también usarse para indicar posibles casos de endogamia, en los que una persona conste en el árbol más de una vez (por ejemplo, si ésta está unida a otra persona con la que guarda un parentesco, ya sea directo o no). En casos así, indicar el hecho mediante un color específico puede ayudarnos a visualizar claramente cuál es ese parentesco. El siguiente ejmplo muestra que Ignacio Peleteiro se casó con Teresa Cerviño, la hermana de su cuñado José María.

Los colores pueden denotar a personas que aparecen más de dos veces en nuestra genealogía; por ejemplo, en casos de personas casadas con un pariente, como muestra esta imagen extraída de GenoPro. Imagen cedida amablemente por Pedro Eiras.

Identifica el progreso de tu propio trabajo

Esta manera de asignar colores a diferentes individuos en nuestro árbol no tiene que ver tanto con quién es cada persona, sino con el trabajo de investigación que haya detrás de cada individuo en tu árbol. A través de un sencillo sistema de colores, podremos averiguar qué ramas o individuos de nuestra genealogía requieren nuestra atención.

Por ejemplo, hay usuarios que utilizan algo parecido a un sistema de colores de un semáforo, en el que marcarán en rojo a los antepasados que no han sido verificados (y que cuya relación con ellos mismos es por lo tanto hipotética, de momento). En ámbar se marcarán aquellas personas cuyo parentesco sí ha sido corroborado, pero sobre quienes todavía está pendiente realizar un trabajo de investigación a fondo (por ejemplo, si tenemos su fecha de nacimiento pero nos falta asignarle un documento que respalde ese dato concreto). Y finalmente, en verde indicarían a aquellos individuos para quienes ya hayan realizado una investigación más o menos completa, y por lo tanto su parentesco (así como los datos que contenga esa ficha individual) se haya confirmado.

El sistema de colores también puede utilizarse para identificar a ramas específicas de un árbol ascendente, dejando en blanco aquellas ramas o individuos que no hayan sido todavía identificados, como se aprecia en el siguiente diagrama.

Ejemplo de un árbol ascendente en formato “abanico”, creado por DNA Painter, en el cual a las diferentes ramas ancestrales se les ha asignado un tono diferente. Aquellos individuos “en blanco” denotan la ausencia de información. Imagen cedida amablemente por Jonny Perl.

En resumen, el sistema de coloración de tu árbol genealógico es una herramienta extremadamente útil y versátil la cual te permitirá, a través de pautas muy simples que tú decides, comprender y mostrar ciertos elementos que un simple árbol genealógico tradicional no es capaz de reflejar.

¿Por dónde empiezo?

Antes de nada…

Antes de empezar cualquier proyecto de investigación, hay que tener una idea más o menos clara de lo que uno quiere conseguir. Saber cuáles son tus objetivos será crucial a la hora de encauzar tu búsqueda. De lo contrario, pronto te verás abrumad@ por la gran cantidad de datos que acabarás consiguiendo.

Aunque hay un sinfín de razones por las que uno quiera investigar sus raíces, aquí te proponemos algunas de las más comunes:

  • Conocer el origen de uno de nuestros apellidos, o el de algún antepasado
  • Averiguar el origen geográfico de una línea familiar específica
  • Saber quiénes y de dónde eran nuestros antepasados por todas las líneas
  • Probar documentalmente nuestro parentesco con una persona concreta

¿Qué sabes?

Es muy tentador querer tener un árbol genealógico listo en poco tiempo, pero para poder realizar una investigación de calidad (y, sobre todo, sin errores), hay que empezar por el principio. Y eso significa plantearse una pregunta muy simple: ¿Qué sé ya sobre mi familia?

Puede parecer una pregunta de fácil respuesta, pero pronto empezarán a surgir dudas: el tío Pepe, ¿era hermano de la abuela, o del abuelo? ¿Cuántos hijos tuvo la tía María? ¿A qué se dedicaba mi padre de joven? ¿Cómo se conocieron los abuelos?

Ármate con papel y lápiz (y una goma, porque seguramente te equivoques en algún momento) y anota las respuestas a aquellas preguntas que sepas (o que crees que sepas).

Pregúntale a tu familia

El siguiente paso será cotejar la información con lo que te pueda brindar tu familia. Si puedes, coméntales tus respuestas a los mayores de tu familia, y anota posibles correcciones o datos adicionales que desconocieses.

Acto seguido, plantéales a tus parientes más cercanos las dudas que puedas tener sobre ellos mismos, o bien sobre sus padres, sus hermanos, sus abuelos… Por ejemplo, asegúrate de que sabes dónde y cuándo nacieron tus padres y abuelos, si tenían hermanos (no sólo cuántos, sino sus nombres, en qué orden nacieron, y qué fue de ellos), a qué se dedicaban sus padres, si estuvieron casados en más de una ocasión, de qué fallecieron, si llegaron a conocer a sus abuelos…

Recuerda anotar todo lo que puedas, sirviéndote si es necesario de otros soportes (grabadoras, teléfonos móviles…) para que no se te escape ningún detalle importante. No olvides mencionar quién te está aportando dicho testimonio, así como la fecha, pues serán referencias útiles para el futuro.

¿Y ahora, qué?

Aunque nunca llegaremos a agotar el recurso de información oral que es nuestra familia, tarde o temprano no nos quedará más remedio que recurrir a las fuentes documentales. Éstas pueden consistir en todo tipo de recursos, desde un DNI caducado a un vídeo casero de una celebración familiar. Seguramente en tu casa (o en la de algún pariente cercano) haya una gran cantidad de fuentes que te ayudarán a ir reconstruyendo documentalmente los datos que acabas de recopilar.

Es bastante normal que en muchas casas se conserven libros de familia, certificaciones de actas de nacimiento, copias de testamentos, recordatorios de una primera comunión, álbumes de fotos, invitaciones de boda, postales, esquelas… Cada uno de ellos contendrá infinidad de datos sobre nuestra familia y otros parientes más lejanos.

Si los documentos no son tuyos, pídele con amabilidad al propietario si puedes hacer copias, o, si no los quieres, si tendrían inconveniente en cedértelos. Cuida con mucho cariño todo documento familiar: tu archivo familiar no ha hecho más que empezar.

Otras fuentes

Dependiendo de cómo vayamos a enfocar nuestra investigación, habrá ciertas fuentes que nos serán esenciales para poder indagar en profundidad. Recuerda que la tradicional oral no es suficiente prueba para poder corroborar un hecho: necesitas demostrar fehacientemente que un hecho tuvo lugar, tal y como afirman otras fuentes, tanto orales como escritas. También es importante recordar que, porque hayamos encontrado algo por escrito, no significa que esa fuente sea correcta: después de todo, el error humano era tan común en el pasado como lo es hoy en día.

Intenta cotejar los datos que vayas encontrando con otras fuentes a tu alcance. No te contentes con una partida de bautismo expedida por la Iglesia si también puedes conseguir una certificación literal del acta de nacimiento al Registro Civil, pues seguramente uno y otro documento contengan datos distintos, e incluso ocasionalmente contradictorios.

Existe una gran variedad de fuentes a las que te tendrás que ir refiriendo a medida que avances en tu investigación. Hay muchas páginas web que pueden servirte de guía a la hora de localizar documentación específica, pero no debería sorprenderte que no todo está online; de hecho, hay muchísimas fuentes que a día de hoy sólo existen en soporte papel y que por lo tanto únicamente pueden ser consultadas in situ en un archivo.

Los archivos son la fuente por excelencia a la que un investigador deberá recurrir para encontrar un dato concreto. Hay infinidad de archivos a nuestro alcance: desde archivos de la administración, hasta archivos militares, notariales, de emigración… No hay que olvidar los registros parroquiales que durante siglos ha creado y mantenido la Iglesia Católica, guardiana durante siglos de la información civil y espiritual de nuestros ancestros. Y, por supuesto, hemos de mencionar también el Registro Civil actual (creado en España a nivel nacional en 1870 y que entró en vigor en 1871, sustituyendo así al Registro Civil que existió en algunas localidades a partir de 1841).

¡Y acuérdate!

Siempre, siempre, SIEMPRE anota la fuente donde hayas conseguido un dato, por muy obvio que te parezca. Es sumamente fácil verse desbordado por un puñado de documentos, así que a medida que vayas engordando tu archivo familiar, toma nota del lugar (o contacto) a través del cual hayas conseguido cada documento.